Vigésimo Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario

09/12/2021





Antífona de la Entrada

A los que esperan en ti, Señor, concédeles tu paz, y cumple así las palabras de tus profetas; escúchame, Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo. (Eclesiástico 36, 15-16)



Primera Lectura

Isaías 50, 5-9

En aquel entonces, dijo Isaías:
“El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia,
ni me he echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mí el que me hace justicia,
¿quién luchará contra mí?
¿Quién es mi adversario?
¿Quién me acusa?
Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda,
¿quién se atreverá a condenarme?”



Salmo Responsorial

Salmo 115, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9

Respuesta:

Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.
O bien:
Aleluya.

Estrofa 1:

Amo al Señor, porque escucha
   mi voz suplicante;
   porque inclina su oído hacia mí,
el día que lo invoco.


Estrofa 2:

Me envolvían redes de muerte,
   me alcanzaron los lazos del abismo,
   caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
   “Señor, salva mi vida”.


Estrofa 3:

El Señor es benigno y justo,
   nuestro Dios es compasivo;
   el Señor guarda a los sencillos:
   estando yo sin fuerzas me salvó.


Estrofa 4:

Arrancó mi alma de la muerte,
   mis ojos de las lágrimas,
   mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor,
   en el país de la vida.



Segunda Lectura

Santiago 2, 14-18

Hermanos míos:
¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe,
si no lo demuestra con obras?
¿Acaso podrá salvarlo esa fe?

Supongamos que algún hermano o hermana carece de ropa
y del alimento necesario para el día,
y que uno de ustedes le dice:
“Que te vaya bien; abrígate y come”,
pero no le da lo necesario para el cuerpo,
¿de qué le sirve que le digan eso?
Así pasa con la fe;
si no se traduce en obras, está completamente muerta.

Quizá alguen podría decir:
“Tú tienes fe y yo tengo obras.
A ver cómo, sin obras, me demuestras tu fe;
yo, en cambio, con mis obras te demostraré mi fe”.



Aclamación antes del Evangelio

Gálatas 6, 14

Por mí, no quiero estar orgulloso de nada,
   sino de la cruz de Cristo Jesús nuestro Señor.
Por él el mundo ha sido crucificado para mí
   y yo para el mundo.



Evangelio

Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo,
Jesús y sus discípulos
se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo.
Por el camino les hizo esta pregunta:
“¿Quién dice la gente que soy yo?”
Ellos le contestaron:
“Algunos dicen que eres Juan el Bautista;
otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”.

Entonces él les preguntó:
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”
Pedro le respondió:
“Tú eres el Mesías”.
Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles
que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho,
que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad.
Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuardirlo.
Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos,
reprendió a Pedro con estas palabras:
“¡Apártate de mí, Satanás!
Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.

Después llamó a la multitud y a sus discípulos, y les dijo:
“El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo,
que cargue con su cruz y que me siga.
Pues el que quiera salvar su vida, la perderá;
pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.



Antífona de la Comunón

Señor Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas. (Salmo 35, 8)

O bien:

El cáliz de bendición por el que damos gracias,es la unión de todos en la Sangre de Cristo; y el pan que partimos es la unión de todos en el Cuerpo de Cristo. (1 Cor. 10,16)





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Rebecca De La Torre