El Segundo Domingo de Cuaresma

03/08/2020

Salmos Responsoriales

Recomendaciones de Canto

Lecturas y Antífonas


Salmos Responsoriales


Todavía no hay salmos compuestos para esta solemnidad.




Antífona de la Entrada

De ti mi corazón me habla diciendo: «Busca su rostro». Tu rostro estoy buscando, Señor; no me lo escondas. (Salmo 26, 8-9)



Primera Lectura

Génesis 12, 1-4

En aquellos días, dijo el Señor a Abram: «Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra». Abram partió, como se lo había ordenado el Señor.



Salmo Responsorial

Salmo 32, 4-22

Respuesta:

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Estrofa 1:

La palabra del Señor es sincera
   y todas sus acciones son leales;
   él ama la justicia y el derecho,
   y su misericordia llena la tierra.


Estrofa 2:

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
   en los que esperan en su misericordia,
   para librar sus vidas de la muerte
   y reanimarlos en tiempo de hambre.


Estrofa 3:

Nosotros aguardamos al Señor:
   él es nuestro auxilio y escudo;
   que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
   como lo esperamos de ti.



Segunda Lectura

Timoteo 1, 8-10

Querido hermano: Comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha salvado y nos ha llamado a que le consagremos nuestra vida, no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.

Este don, que Dios ya nos ha concedido por medio de Cristo Jesús desde toda la eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo Cristo Jesús, nuestro salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad, por medio del Evangelio.
Palabra de Dios.



Aclamación antes del Evangelio

Mateo 17, 5

En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre:
   ‘‘Éste es mi Hijo, el Amado; a él han de escuchar”.



Evangelio

Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo». Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: «Levántense y no teman». Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».



Antífona de la Comunón

Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo. (Mateo 17, 5)





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