Trigésimo Primer Domingo de Tiempo Ordinario

10/31/2021





Antífona de la Entrada

Señor, no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme, Señor, mi salvador. (Salmo 37, 22-23)



Primera Lectura

Deuteronomio 6, 2-6

En aquellos días,
habló Moisés al pueblo y le dijo:
“Teme al Señor, tu Dios,
y guarda todos sus preceptos y mandatos que yo te transmito hoy,
a ti, a tus hijos y a los hijos de tus hijos.
Cúmplelos siempre y así prolongarás tu vida.
Escucha, pues, Israel: guárdalos y ponlos en práctica,
para que seas feliz y te multipliques.
Así serás feliz, como ha dicho el Señor, el Dios de tus padres,
y te multiplicarás en una tierra que mana leche y miel.

Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor;
amarás al Señor, tu Dios,
con todo tu corazón,
con toda tu alma,
con todas tus fuerzas.
Graba en tu corazón los mandamientos que hoy te he transmitido”.



Salmo Responsorial

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab

Respuesta:

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

Estrofa 1:

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza,
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.


Estrofa 2:

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.


Estrofa 3:

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido.



Segunda Lectura

Hebreos 7, 23-28

Hermanos:
Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes,
porque la muerte les impedía permanecer en su oficio.
En cambio, Jesús tiene un sacerdocio eterno,
porque él permanece para siempre.
De ahí que sea capaz de salvar, para siempre,
a los que por su medio se acercan a Dios,
ya que vive eternamente para interceder por nosotros.

Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía:
santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores
y elevado por encima de los cielos;
que no necesita, como los demás sacerdotes,
ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados
y después por los del pueblo,
porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
Porque los sacerdotes constituidos
por la ley eran hombres llenos de fragilidades;
pero el sacerdote constituido por las palabras
del juramento posterior a la ley,
es el Hijo eternamente perfecto.



Aclamación antes del Evangelio

Juan 14, 23

Si alguien me ama, guardará mis palabras, dice el Señor;
y mi Padre lo amará y vendremos a él.



Evangelio

Marcos 12, 28-34

En aquel tiempo,
uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó:
“¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”
Jesús le respondió:
“El primero es: Escucha, Israel:
El Señor, nuestro Dios, es el único Señor;
amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón,
con toda tu alma,
con toda tu mente
y con todas tus fuerzas.
El segundo es éste:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.
El escriba replicó: “Muy bien, Maestro.
Tienes razón cuando dices que el Señor es único
y que no hay otro fuera de él,
y que amarlo con todo el corazón,
con toda el alma,
con todas las fuerzas,
y amar al prójimo como a uno mismo,
vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.
Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente,
le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”.
Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.



Antífona de la Comunón

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia. (Salmo 15, 11)

O bien:

Cristo nos amó y se entregró a la muerte por nosotros, como ofrenda y víctima agradable a Dios. (Efesios 5, 2)





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