El Cuarto Domingo de Pascua

05/08/2022


Salmos Responsoriales


Salmo 99: Somos Su Pueblo

Rebecca De La Torre






Antífona de la Entrada

La tierra está llena del amor del Señor
y su palabra hizo los cielos. Aleluya.
(Salmo 32, 5.6)



Primera Lectura

Hechos de los Apóstoles 13, 14-. 43-52

En aquellos días,
Pablo y Bernabé prosiguieron su camino desde Perge hasta Antioquía de Pisidia,
y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos piadosos acompañaron a Pablo y a Bernabé,
quienes siguieron exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente casi toda la ciudad de Antioquía
acudió a oír la palabra de Dios.
Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande,
se llenaron de envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas.
Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía:
«La palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes;
pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna,
nos dirigiremos a los paganos.
Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo:
Yo te he puesto como luz de los paganos,
para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra».

Al enterarse de esto,
los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios,
y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna.
La palabra de Dios se iba propagando por toda la región.
Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad
y a los ciudadanos principales,
y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé,
hasta expulsarlos de su territorio.
Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies,
como señal de protesta, y se marcharon a Iconio,
mientras los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.



Salmo Responsorial

Salmo 99, 2-5

Respuesta:

Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
O bien:
Aleluya.

Estrofa 1:

Aclama al Señor, tierra entera,
   sirvan al Señor con alegría,
   entren en su presencia con vítores.


Estrofa 2:

Sepan que el Señor es Dios:
   que él nos hizo y somos suyos,
   su pueblo y ovejas de su rebaño.


Estrofa 3:

El Señor es bueno,
   su misericordia es eterna,
   su fidelidad por todas las edades.



Segunda Lectura

Juan 7, 9. 14-17

Yo, Juan, vi una muchedumbre tan grande,
que nadie podía contarla.
Eran individuos de todas las naciones y razas,
de todos los pueblos y lenguas.
Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero;
iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas en las manos.

Uno de los ancianos que estaban junto al trono, me dijo:
«Estos son los que han pasado por la gran persecución
y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero.

Por eso están ante el trono de Dios
y le sirven día y noche en su templo,
y el que está sentado en el trono los protegerá continuamente.
Ya no sufrirán hambre ni sed,
no los quemará el sol ni los agobiará el calor.
Porque el Cordero, que está en el trono,
será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida
y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima».



Aclamación antes del Evangelio

Juan 10, 14

Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor;
   conozco a mis ovejas y las mías me conocen.



Evangelio

Juan 10, 27-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
«Mis ovejas escuchan mi voz;
yo las conozco y ellas me siguen.
Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás;
nadie las arrebatará de mi mano.
Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos,
y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.
El Padre y yo somos uno».



Antífona de la Comunón

Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor,
que dio la vida por sus ovejas,
y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya.

o bien:

Ha resucitado, el Buen Pastor,
que dio la vida por sus ovejas,
y se entregó a la muerte por su rebaño. Aleluya.





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