El Cuarto Domingo de Cuaresma

03/27/2022


Salmos Responsoriales


Salmo 33: Gusten y Vean

Rebecca De La Torre






Antífona de la Entrada

Alégrate, Jerusalén, y todos los que la amáis, reuníos. Regocijaos con ella todos los que participábais de su duelo y quedaréis saciados con la abundancia de sus consuelos. (Isaías 66, 10-11)



Primera Lectura

Josué 5, 9. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué.
«Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto».
Los israelitas acamparon en Guilgal,
donde celebraron la Pascua, al atardecer del día catorce del mes,
en la llanura desértica de Jericó.
El día siguiente a la Pascua,
comieron del fruto de la tierra,
panes ázimos y granos de trigo tostados.
A partir de aquel día, cesó el maná.

Los israelitas ya no volvieron a tener maná,
y desde aquel año comieron de los frutos que producía la tierra de Canaán.



Salmo Responsorial

Salmo 33, 2-7

Respuesta:

Gusten y vean qué bueno es el Señor.

Estrofa 1:

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.


Estrofa 2:

Proclamen conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias.


Estrofa 3:

Contémplenlo y quedarán radiantes,
el rostro de ustedes no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.



Segunda Lectura

2 Corintios 5, 17-21

Hermanos:
El que vive según Cristo es una criatura nueva;
para él todo lo viejo ha pasado.
Ya todo es nuevo.
Todo esto proviene di Dios,
que nos reconcilió consigo por medio de Cristo
y que nos confirió el ministerio de la reconciliación.
Porque, efectivamente, en Cristo, Dios reconcilió al mundo consigo
y renunció a tomar en cuenta los pecados de los hombres,
y a nosotros nos confió el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros somos embajadores de Cristo,
y por nuestro medio, es Dios mismo el que los exhorta a ustedes.
En nombre de Cristo
les pedimos que se reconcilien con Dios.
Al que nunca cometió pecado, Dios lo hizo «pecado» por nosotros,
para que, unidos a él, recibamos la salvación de Dios
y nos volvamos justos y santos.



Aclamación antes del Evangelio

Lucas 15, 18

Volveré a mi padre y le diré:
«Padre, pequé contra Dios y contra ti».



Evangelio

Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo,
se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo.
Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí:
«Este recibe a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo entonces esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre:
`Padre, dame la parte de la herencia que me toca’.
Y él les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,
se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna,
viviendo de una manera disoluta.
Después de malgastarlo todo,
sobrevino en aquella región una gran hambre
y él empezó a padecer necesidad.
Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país,
el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos.
Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos,
pero no lo dejaban que se las comiera.
Se puso entonces a reflexionar y se dijo:
`¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra,
y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre!
Me levantaré, volveré a mi padre y le diré:
Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
ya no merezco llamarme hijo tuyo.
Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.
Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre.
Estaba todavía lejos,
cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente.
Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos.
El muchacho le dijo:
`Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
ya no merezco llamarme hijo tuyo’.
Pero el padre les dijo a sus criados:
¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela;
pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies;
traigan el becerro gordo y mátenlo.
Comamos y hagamos una fiesta,
porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y lo hemos encontrado’.
Y empezó el banquete.
El hijo mayor estaba en el campo y al volver,
cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos.
Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba.
Este le contestó:
`Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo,
por haberlo recobrado sano y salvo’.
El hermano mayor se enojó y no quería entrar.
Salió entonces el padre y le rogó que entrara;
pero él replicó:
`¡Hace tanto tiempo que te sirvo,
sin desobedecer jamás una orden tuya,
y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos!
Pero eso sí, viene ese hijo tuyo,
que despilfarró tus bienes con malas mujeres,
y tú mandas matar el becerro gordo’.
El padre repuso:
`Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo.
Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos,
porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y lo hemos encontrado’ «.



Antífona de la Comunón

Jerusalén es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. (Salmo 121, 3.4)





© 1999 Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica Derechos reservados a favor de OBRA NACIONAL DE LA BUENA PRENSA, A.C. Apartado M-2181. 06000 México, D.F. Orozco y Berra 180. Santa Mariá la Ribera.

© 1970 Comisión Episcopal Española de Liturgia

© 1972 SOBICAIN. Derechos reservados.




Recomendaciones de Canto