El Tercer Domingo de Cuaresma, Año B

03-03-2024




Antífona de la Entrada

Tengo los ojos puestos en el Señor,
porque él me libra de todo peligro.
Mírame, Dios mío y ten piedad de mí,
que estoy solo y afligido.
(Salmo 24, 15.16)

(newer translation)
Mis ojos están siempre fijos en el Señor,
pues él libra mis pies de toda trampa.
Mírame, Señor, y ten piedad de mí,
que estoy solo y afligido.
(Salmo 24, 15.16)

O bien:

Antífona de Entrada 2

Cuando manifieste en medio de ustedes mi santidad,
los reuniré de todos los países;
derramaré sobre ustedes agua pura
y quedarán purificados de todos sus pecados,
y les infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.
(Ezequiel 36, 23-26)



Primera Lectura

Éxodo 20, 1-17

En aquellos días,
el Señor promulgó estos preceptos para su pueblo en el monte Sinaí, diciendo:
“Yo soy el Señor, tu Dios,
que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud.
No tendrás otros dioses fuera de mí;
[no te fabricarás ídolos ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o en el agua, y debajo de la tierra.
No adorarás nada de eso ni le rendirás culto,
porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso,
que castiga la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera
y cuarta generación de aquellos que me odian;
pero soy misericordioso hasta la milésima generación de aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.]

No harás mal uso del nombre del Señor, tu Dios,
porque no dejará el Señor sin castigo a quien haga mal uso de su nombre.

Acuérdate de santificar el sábado.
[Seis días trabajarás y en ellos harás todos tus quehaceres;
pero el día séptimo es día de descanso,
dedicado al Señor, tu Dios.
No harás en él trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija,
ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales,
ni el forastero que viva contigo.
Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra,
el mar y cuanto hay en ellos,
pero el séptimo, descansó.
Por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.]

Honra a tu padre y a tu madre
para que vivas largos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No darás falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciarás la casa de tu prójimo,
ni a su mujer, ni a su esclavo, ni a su esclava,
ni su buey, ni su burro,
ni cosa alguna que le pertenezca”.


Primera Lectura (Forma Más Corta)

Éxodo 20, 1-3. 7-8. 12-17

En aquellos días,
el Señor promulgó estos preceptos para su pueblo en el monte Sinaí, diciendo:
“Yo soy el Señor, tu Dios,
que te sacó de la tierra de Egipto y de la esclavitud.
No tendrás otros dioses fuera de mí.

No harás mal uso del nombre del Señor, tu Dios,
porque no dejará el Señor sin castigo
a quien haga mal uso de su nombre.

Acuérdate de santificar el sábado.
Honra a tu padre y a tu madre
para que vivas largos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No darás falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciarás la casa de tu prójimo, ni a su mujer,
ni a su esclavo, ni a su esclava,
ni su buey, ni su burro,
ni cosa alguna que le pertenezca”.





Salmo Responsorial

Salmo 18, 8. 9. 10. 11

Respuesta:

Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

Estrofa 1:

La Ley del Señor es perfecta
   y es descanso del alma;
   el precepto del Señor es fiel
   e instruye al ignorante.


Estrofa 2:

Los mandatos del Señor son rectos
   y alegran el corazón;
   la norma del Señor es límpida
   y da luz a los ojos.


Estrofa 3:

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.


Estrofa 4:

Más preciosos que el oro,
   más que el oro fino;
más dulces que la miel
   de un panal que destila.



Segunda Lectura

1 Corintios 1, 22-25

Hermanos:
Los judíos exigen señales milagrosas y los paganos piden sabiduría.
Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado,
que es escándalo para los judíos y locura para los paganos;
en cambio, para los llamados, sean judíos o paganos,
Cristo es la fuerza y la sabiduría de Dios.
Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres,
y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza de los hombres.



Aclamación antes del Evangelio

Juan 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le dio su Hijo único;
   todo el que cree en él, tiene vida eterna.



Evangelio

Juan 2, 13-25

Cuando se acercaba la Pascua de los judíos,
Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes,
ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas.
Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo,
con todo y sus ovejas y bueyes;
a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas;
y a los que vendían palomas les dijo:
“Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.

En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito:
El celo de tu casa me devora.

Después intervinieron los judíos para preguntarle:
“¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?”
Jesús les respondió:
“Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”.
Replicaron los judíos:
“Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo,
¿y tú lo vas a levantar en tres días?”

Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos,
se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello
y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.
Mientras estuvo en Jerusalén para las fiestas de Pascua,
muchos creyeron en él, al ver los prodigios que hacía.
Pero Jesús no se fiaba de ellos,
porque los conocía a todos
y no necesitaba que nadie le descubriera lo que es el hombre,
porque él sabía lo que hay en el hombre.



Antífona de Comunión

Cuando se lee el Evangelio de la samaritana (Año A):

El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor,
nunca más tendrá sed;
el agua que yo le daré se convertirá dentro de él
en un manantial capaz de dar la vida eterna.
(Juan 4, 13.14)

O bien:

Antífona de Comunión 2

Cuando se ha leído otro Evangelio (Años B y C):

El ave ha encontrado un refugio
y la tórtola un nido donde poner a sus polluelos.
Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor.
Dichosos los que viven en tu casa
y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.
(Salmo 83, 4.5)

(newer translation)
El gorrión ha encontrado una casa,
y la golondrina un nido donde poner sus polluelos:
junto a tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
y pueden alabarte siempre.
(Salmo 83, 4.5)





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