Vigésimo Segundo Día del Tiempo Ordinario C: Primera Lectura

2 Macabeos 7, 1-2. 9-14

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos junto con su madre.
El rey Antíoco Epifanes los hizo azotar para obligarlos
a comer carne de puerco, prohibida por la ley.
Uno de ellos, hablando en nombre de todos, dijo:
“¿Qué quieres saber de nosotros?
Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres”.
El rey se enfureció y lo mandó matar.
Cuando el segundo de ellos estaba para morir, le dijo al rey:
“Asesino, tú nos arrancas la vida presente,
pero el rey del universo nos resucitará a una vida eterna,
puesto que morimos por fidelidad a sus leyes”.

Después comenzaron a burlarse del tercero.
Presentó la lengua como se lo exigieron,
extendió las manos con firmeza y declaró confiadamente:
“De Dios recibí estos miembros y por amor a su ley los desprecio,
y de él espero recobrarlos”.
El rey y sus acompañantes quedaron impresionados por el valor
con que aquel muchacho despreciaba los tormentos.

Una vez muerto éste,
sometieron al cuarto a torturas semejantes.
Estando ya para expirar, dijo:
“Vale la pena morir a manos de los hombres,
cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará.
Tú, en cambio, no resucitarás para la vida”.