El Bautismo del Señor, Año C: Segunda Lectura

Tito 2, 11-14; 3, 4-7

Querido hermano:
La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres
y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad
y a los deseos mundanos, para que vivamos,
ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios,
en espera de la gloriosa venida del gran Dios y salvador,
Cristo Jesús, nuestra esperanza.

Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos,
a fin de convertirnos en pueblo suyo,
fervorosamente entregado a practicar el bien.
Al manifestarse la bondad de Dios, nuestro salvador,
y su amor a los hombres, él nos salvó,
no porque nosotros hubiéramos hecho algo digno de merecerlo,
sino por su misericordia.
Lo hizo mediante el bautismo,
que nos regenera y nos renueva,
por la acción del Espíritu Santo,
a quien Dios derramó abundantemente sobre nosotros,
por Cristo, nuestro salvador.
Así, justificados por su gracia,
nos convertiremos en herederos,
cuando se realice la esperanza de la vida eterna.