Decimoctavo Domingo del Tiempo Ordinario: Segunda Lectura

Colosenses 3, 1-5. 9-11

Hermanos:
Puesto que ustedes han resucitado con Cristo,
busquen los bienes de arriba, donde está Cristo,
sentado a la derecha de Dios.
Pongan todo el corazón en los bienes del cielo,
no en los de la tierra,
porque han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.
Cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes,
entonces también ustedes se manifestarán gloriosos juntamente con él.

Den muerte, pues, a todo lo malo que hay en ustedes:
la fornicación, la impureza, las pasiones desordenadas,
los malos deseos y la avaricia,
que es una forma de idolatría.
No sigan engañándose unos a otros;
despójense del modo de actuar del viejo yo
y revístanse del nuevo yo,
el que se va renovando conforme va adquiriendo el conocimiento de Dios,
que lo creó a su propia imagen.

En este orden nuevo
ya no hay distinción entre judíos y no judíos,
israelitas y paganos, bárbaros y extranjeros,
esclavos y libres,
sino que Cristo es todo en todos.