Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario: Segunda Lectura

Filemón 1, 9-10. 12-17

Querido hermano:
Yo, Pablo, ya anciano y ahora,
además, prisionero por la causa de Cristo Jesús,
quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo,
a quien he engendrado para Cristo aquí, en la cárcel.
Te lo envío.
Recíbelo como a mí mismo.
Yo hubiera querido retenerlo conmigo,
para que en tu lugar me atendiera,
mientras estoy preso por la causa del Evangelio.
Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento,
para que el favor que me haces no sea como por obligación,
sino por tu propia voluntad.

Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo,
a fin de que lo recuperaras para siempre,
pero ya no como esclavo,
sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo.
Él ya lo es para mí.
¡Cuánto más habrá de serlo para ti,
no sólo por su calidad de hombre,
sino de hermano en Cristo!
Por tanto, si me consideras como compañero tuyo,
recíbelo como a mí mismo.