Santiago, Apóstol: Primera Lectura

2 Corintios 4, 7-15

Hermanos:
Llevamos este tesoro en vasijas de barro,
para que se vea que esta fuerza
tan extraordinaria proviene de Dios
y no de nosotros mismos.
Por eso sufrimos toda clase de pruebas,
pero no nos angustiamos.
Nos abruman las preocupaciones,
pero no nos desespermamos.
Nos vemos perseguidos,
pero no desamparados;
derribados, pero no vencidos

Llevamos siempre y por todas partes
la muerte de Jesús en nuestro cuerpo,
para que en este mismo cuerpo se manifeiste
también la vida de Jesús.
Nuestra vida es un coninuo estar espuestos
a la muerte por causa de Jesús,
para que también la vida de Jesús
se manifieste en nuestra carne mortal.
De modo que la muerte actúa en nosotros,
y en ustedes, la vida.

Y como poseemos el mismo espíritu de fe
que se expresa en aquel texto de la Escritura:
Creo, por eso hablo,
también nosotros creemos, y por eso hablamos,
sabiendo que aquel que resucitó a Jesús
nos resucitará también a nosotros con Jesús
y nos colocará a su lado con ustedes.
Y todo esto es para bien de ustedes de manera que,
al extenderse la gracia a más y más personas,
se multiplique la acción de gracias para gloria de Dios.