
El Segundo Domingo de Cuaresma
01-03-2026
Salmos Responsoriales
Antífona de la Entrada
De ti mi corazón me habla diciendo: “Busca su rostro”.
Tu rostro estoy buscando, Señor;
no me lo escondas.
(Salmo 26, 8-9)
(newer translation)
Mi corazón me habla de ti diciendo:
“Busca su rostro”.
Tu faz estoy buscando, Señor;
no me escondas tu rostro.
(Salmo 26, 8-9)
Antífona de Entrada 2
Recuerda, Señor,
que tu ternura y tu misericordia son eternas.
No permitas que nos derrote el enemigo.
Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.
Primera Lectura
Génesis 12, 1-4
En aquellos días, dijo el Señor a Abram: “Deja tu país, a tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra”. Abram partió, como se lo había ordenado el Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 32, 4-22
Respuesta:
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Estrofa 1:
La palabra del Señor es sincera
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
Estrofa 2:
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
Estrofa 3:
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
Segunda Lectura
Timoteo 1, 8-10
Querido hermano: Comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha salvado y nos ha llamado a que le consagremos nuestra vida, no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.
Este don, que Dios ya nos ha concedido por medio de Cristo Jesús desde toda la eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo Cristo Jesús, nuestro salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad, por medio del Evangelio.
Palabra de Dios.
Aclamación antes del Evangelio
Mateo 17, 5
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre:
Éste es mi Hijo, el Amado; a él han de escuchar.
Evangelio
Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.
Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.
Antífona de Ofertorio
Meditaré tus mandamientos, que amo tanto:
levantaré mis manos hacia tus mandatos, que he amado.
(Salmo 118, 47. 48)
Antífona de Comunión
Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco;
escuchadlo.
(Mateo 17, 5)
(newer translation)
Éste es mi Hijo muy amado,
en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo.
(Mateo 17, 5)
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