El Decimotercer Domingo del Tiempo Ordinario

28-06-2026


Salmos Responsoriales





Antífona de la Entrada

Pueblos todos, aplaudan;
y aclamen a Dios con gritos de júbilo.
(Salmo 46, 2)



Primera Lectura

Reyes 4, 8-11. 14-16

Un día pasaba Eliseo por la ciudad de Sunem y una mujer distinguida lo invitó con insistencia a comer en su casa. Desde entonces, siempre que Eliseo pasaba por ahí, iba a comer a su casa. En una ocasión, ella le dijo a su marido: “Yo sé que este hombre, que con tanta frecuencia nos visita, es un hombre de Dios. Vamos a construirle en los altos una pequeña habitación. Le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que se quede allí, cuando venga a visitarnos”.

Así se hizo y cuando Eliseo regresó a Sunem, subió a la habitación y se recostó en la cama. Entonces le dijo a su criado: “¿Qué podemos hacer por esta mujer?” El criado le dijo: “Mira, no tiene hijos y su marido ya es un anciano”. Entonces dijo Eliseo: “Llámala”. El criado la llamó y ella, al llegar, se detuvo en la puerta. Eliseo le dijo: “El año que viene, por estas mismas fechas, tendrás un hijo en tus brazos”.



Salmo Responsorial

Salmo 88, 2-19

Respuesta:

Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Estrofa 1:

Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: Tu misericordia es un edificio eterno,
   más que el cielo has afianzado tu fidelidad.


Estrofa 2:

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
   caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
   tu nombre es su gozo cada día,
   tu justicia es su orgullo.


Estrofa 3:

Porque tú eres su honor y su fuerza,
   y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
   y el santo de Israel, nuestro rey.



Segunda Lectura

Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos: Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte. En efecto, por el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, para que, así como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya nunca morirá. La muerte ya no tiene dominio sobre él, porque al morir, murió al pecado de una vez para siempre; y al resucitar, vive ahora para Dios. Lo mismo ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.



Aclamación antes del Evangelio

1 Pedro 2, 9

Ustedes son una raza elegida,
   un reino de sacerdotes, una nación consagrada;
   proclamen las maravillas de Aquel
   que de las tinieblas los llamó a su luz admirable.



Evangelio

Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.

Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.

Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.



Antífona de Ofertorio

Como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos cebados;
que este sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.
(Daniel 3, 39.40)

Antífona de Comunión

Bendice, alma mía, al Señor;
que todo mi ser bendiga su santo nombre.
(Salmo 102, 1)

O bien:

Antífona de Comunión 2

Padre, te ruego por ellos,
para que sean uno en nosotros
y el mundo pueda creer que tú me has enviado,
dice el Señor.
(Juan 17, 20-21)





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