El Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

28-07-2024


Salmos Responsoriales





Antífona de la Entrada

Dios habita en su santuario;
él nos hace habitar juntos en su casa;
es la fuerza y el poder de su pueblo.
(Salmo 67, 6-7.36)



Primera Lectura

2 Reyes 4, 42-44

En aquellos días, llegó de Baal-Salisá un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias,
veinte panes de cebada y grano tierno en espiga.

Entonces Eliseo dijo a su criado: “Dáselos a la gente para que coman”.
Pero él le respondió: “¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?”

Eliseo insistió: “Dáselos a la gente para que coman,
porque esto dice el Señor: ‘Comerán todos y sobrarᒔ.

El criado repartió los panes a la gente;
todos comieron y todavía sobró,
como había dicho el Señor.



Salmo Responsorial

Salmo 144, 10-11. 15-16. 17-18

Respuesta:

Abres tu mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente.

Estrofa 1:

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
   que te bendigan tus fieles;
   que proclamen la gloria de tu reinado,
   que hablen de tus hazañas.


Estrofa 2:

Los ojos de todos te están aguardando,
   tú les das la comida a su tiempo;
   abres tú la mano,
   y sacias de favores a todo viviente.


Estrofa 3:

El Señor es justo en todos sus caminos,
   es bondadoso en todas sus acciones;
   cerca está el Señor de los que lo invocan,
   de los que lo invocan sinceramente.



Segunda Lectura

Efesios 4, 1-6

Hermanos:
Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor,
los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido.
Sean siempre humildes y amables;
sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor;
esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido.
Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
un solo Dios y Padre de todos,
que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.



Aclamación antes del Evangelio

Lucas 7, 16

Un gran profeta ha aparecido entre nosotros,
   y Dios ha visitado a su pueblo.



Evangelio

Juan 6, 1-15

En aquel tiempo,
Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades.
Lo seguía mucha gente, porque habían visto las señales milagrosas que hacía curando a los enfermos.
Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos.
Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe:
“¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?”
Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba,
pues él bien sabía lo que iba a hacer.
Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”.
Otro de sus discípulos,
Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
“Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados.
Pero, ¿qué es eso para tanta gente?”
Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”.
En aquel lugar había mucha hierba.
Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios,
se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer.
Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron.
Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos:
“Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”.
Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente,
al ver la señal milagrosa que Jesús había hecho, decía:
“Este es, en verdad, el profeta que había de venir al mundo”.
Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey,
se retiró de nuevo a la montaña, él solo.



Antífona de Ofertorio

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste.
(Salmo 29, 2.3)

Antífona de Comunión

Bendice, alma mía, al Señor
y no te olvides de sus beneficios.
(Salmo 102, 2)

O bien:

Antífona de Comunión 2

Dichosos los misericordiosos,
porque alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
(Mateo 5, 7.8)





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