El Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

09-08-2026




Antífona de la Entrada

Acuérdate, Señor de tu alianza;
no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres.
Levántate, Señor, a defender tu causa;
no olvides las voces de los que te buscan.
(Salmo 73, 20.19.22.23)



Primera Lectura

Reyes 19, 9. 11-13

Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: “Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”.

Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.



Salmo Responsorial

Salmo 84, 9-14

Respuesta:

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Estrofa 1:

Voy a escuchar lo que dice el Señor.
Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.
La salvación está ya cerca de sus fieles,
   y la gloria habitará en nuestra tierra.


Estrofa 2:

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
   la justicia y la paz se besan;
   la fidelidad brota de la tierra,
   y la justicia mira desde el cielo.


Estrofa 3:

El Señor nos dará la lluvia
   y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
   la salvación seguirá sus pasos.



Segunda Lectura

Romanos 9, 1-5

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.

Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.



Aclamación antes del Evangelio

Salmo 129, 5

Espero en el Señor,
   espero en su Palabra.



Evangelio

Mateo 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.



Antífona de Ofertorio

Pero yo confío en ti, Señor;
te digo: «Tú eres mi Dios».
En tus manos están mis azares.
(Salmo 30, 15.16)

Antífona de Comunión

Alaba, Jerusalén, al Señor,
porque te alimenta con lo mejor de su trigo.
(Salmo 147, 12.14)

O bien:

Antífona de Comunión 2

El pan que yo les daré, es mi carne
para la vida del mundo,
dice el Señor.
(Juan 6, 51)





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