El Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

11-08-2024


Salmos Responsoriales





Antífona de la Entrada

Acuérdate, Señor de tu alianza;
no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres.
Levántate, Señor, a defender tu causa;
no olvides las voces de los que te buscan.
(Salmo 73, 20.19.22.23)



Primera Lectura

1 Reyes 19, 4-8

En aquellos tiempos,
caminó Elías por el desierto un día entero
y finalmente se sentó bajo un árbol de retama,
sintió deseos de morir y dijo: “Basta ya, Señor.
Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres”.
Después se recostó y se quedó dormido.

Pero un ángel del Señor llegó a despertarlo y le dijo:
“Levántate y come”.
Elías abrió los ojos y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y un jarro de agua.
Después de comer y beber, se volvió a recostar y se durmió.

Por segunda vez, el ángel del Señor lo despertó y le dijo:
“Levántate y come, porque aún te queda un largo camino”.
Se levantó Elías. Comió y bebió.
Y con la fuerza de aquel alimento,
caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.



Salmo Responsorial

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

Respuesta:

Gusten y vean qué bueno es el Señor.

Estrofa 1:

Bendigo al Señor en todo momento,
   su alabanza está siempre en mi boca.
mi alma se gloría en el Señor:
   que los humildes lo escuchen y se alegren.


Estrofa 2:

Proclamen conmigo la grandeza del Señor,
   ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
   me libró de todas mis ansias.


Estrofa 3:

Contémplenlo y quedarán radiantes,
   sus rostros no se avergonzarán.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
   y lo salva de sus angustias.


Estrofa 4:

El ángel del Señor acampa
   en torno a sus fieles, y los protege.
Gusten y vean qué bueno es el Señor,
   dichoso el que se acoge a él.



Segunda Lectura

Efesios 4, 30 - 5, 2

Hermanos:
No le causen tristeza al Espíritu Santo,
con el que Dios los ha marcado para el día de la liberación final.

Destierren de ustedes la aspereza, la ira, la indignación, los insultos,
la maledicencia y toda clase de maldad.
Sean buenos y comprensivos, y perdónense los unos a los otros,
como Dios los perdonó, por medio de Cristo.

Imiten, pues, a Dios como hijos queridos.
Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros,
como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios.



Aclamación antes del Evangelio

Juan 6, 51ab

Yo soy el pan vivo bajado del cielo, dice el Señor;
   el que coma de este pan vivirá para siempre.



Evangelio

Juan 6, 41-51

En aquel tiempo,
los judíos murmuraban contra Jesús, porque había dicho:
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”,
y decían:
“¿No es éste, Jesús, el hijo de José?
¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre?
¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?”

Jesús les respondió: “No murmuren.
Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado;
y a ése yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas:
Todos serán discípulos de Dios.
Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí.
No es que alguien haya visto al Padre,
fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.

Yo les aseguro:
el que cree en mí, tiene vida eterna.
Yo soy el pan de la vida.
Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron.
Este es el pan que ha bajado del cielo para que,
quien lo coma, no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo;
el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.



Antífona de Ofertorio

Pero yo confío en ti, Señor;
te digo: «Tú eres mi Dios».
En tus manos están mis azares.
(Salmo 30, 15.16)

Antífona de Comunión

Alaba, Jerusalén, al Señor,
porque te alimenta con lo mejor de su trigo.
(Salmo 147, 12.14)

O bien:

Antífona de Comunión 2

El pan que yo les daré, es mi carne
para la vida del mundo,
dice el Señor.
(Juan 6, 51)





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