El Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B

01-09-2024


Salmos Responsoriales





Antífona de la Entrada

Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco.
Tú eres bueno y clemente,
y rico en misericordia con quien te invoca.
(Salmo 85, 3.5)



Primera Lectura

Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

En aquellos días,
habló Moisés al pueblo, diciendo:
“Ahora, Israel, escucha los mandatos y preceptos que te enseño,
para que los pongas en práctica y puedas así vivir
y entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor,
Dios de tus padres, te va a dar.
No añadirán nada ni quitarán nada a lo que les mando:
Cumplan los mandamientos del Señor que yo les enseño,
como me ordena el Señor, mi Dios.
Guárdenlos y cúmplanlos porque ellos son la sabiduría
y la prudencia de ustedes a los ojos de los pueblos.
Cuando tengan noticias de todos estos preceptos, los pueblos se dirán:
‘En verdad esta gran nación es un pueblo sabio y prudente’.
Porque, ¿cuál otra nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos como lo está nuestro Dios, siempre que lo invocamos?
¿Cuál es la gran nación cuyos mandatos y preceptos
sean tan justos como toda esta ley que ahora les doy?”



Salmo Responsorial

Salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5

Respuesta:

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Estrofa 1:

El que procede honradamente
   y practica la justicia,
   el que tiene intenciones leales
   y no calumnia con su lengua.


Estrofa 2:

El que no hace mal a su prójimo
   ni difama al vecino,
   el que considera despreciable al impío
   y honra a los que temen al Señor.


Estrofa 3:

El que no presta dinero a usura
   ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.



Segunda Lectura

Santiago 1, 17-18. 21-22. 27

Hermanos:
Todo beneficio y todo don perfecto viene de lo alto,
del creador de la luz,
en quien no hay ni cambios ni sombras.
Por su propia voluntad nos engendró por medio del Evangelio
para que fuéramos,
en cierto modo, primicias de sus criaturas.

Acepten dócilmente la palabra que ha sido sembrada en ustedes
y es capaz de salvarlos.
Pongan en práctica esa palabra y no se limiten a escucharla,
engañándose a ustedes mismos.
La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre,
consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones,
y en guardarse de este mundo corrompido.



Aclamación antes del Evangelio

Santiago 1, 18

El Señor nos dio vida como a hijos suyos por su sola decisión,
   por la palabra de la verdad,
   para que fuéramos entre todas sus criaturas propiamente suyos.



Evangelio

Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo,
se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús
comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado,
los fariseos y los escribas le preguntaron:
“¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras
y no siguen la tradición de nuestros mayores?”
(Los fariseos y los judíos, en general,
no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo,
siguiendo la tradición de sus mayores;
al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones,
y observan muchas otras cosas por tradición,
como purificar los vasos, las jarras y las ollas).

Jesús les contestó:
“¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió:
Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
Es inútil el culto que me rinden,
porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos!
Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios,
para aferrarse a las tradiciones de los hombres”.

Después, Jesús llamó a la gente y les dijo:
“Escúchenme todos y entiéndanme.
Nada que entre de fuera puede manchar al hombre;
lo que sí lo mancha es lo que sale de dentro;
porque del corazón del hombre salen
las intenciones malas, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, las codicias, las injusticias, los fraudes,
el desenfreno, las envidias, la difamación, el orgullo y la frivolidad.
Todas estas maldades salen de dentro y manchan al hombre”.



Antífona de Comunión

Qué grande es tu bondad, Señor,
que tienes reservada para tus fieles.
(Salmo 30, 20)

O bien:

Antífona de Comunión 2

Dichosos los que trabajan por la paz,
porque serán llamados hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
(Mateo 5, 9.10)





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