El Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario, Año A

05-11-2023





Antífona de la Entrada

No me abandones, Señor, Dios mío,
no te alejes de mí
Ven de prisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvador.
(Salmo 37, 22-23)



Primera Lectura

Malaquías 1, 14 - 2, 2. 8-10

“Yo soy el rey soberano, dice el Señor de los ejércitos; mi nombre es temible entre las naciones. Ahora les voy a dar a ustedes, sacerdotes, estas advertencias: Si no me escuchan y si no se proponen de corazón dar gloria a mi nombre, yo mandaré contra ustedes la maldición”. Esto dice el Señor de los ejércitos:

“Ustedes se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví. Por eso yo los hago despreciables y viles ante todo el pueblo, pues no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad”.

¿Acaso no tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos traicionamos entre hermanos, profanando así la alianza de nuestros padres?



Salmo Responsorial

Salmo 130, 1-3

Respuesta:

Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Estrofa 1:

Señor, mi corazón no es ambicioso,
   ni mis ojos altaneros;
   no pretendo grandezas
   que superan mi capacidad.


Estrofa 2:

Sino que acallo y modero mis deseos,
   como un niño en brazos de su madre.
Como un niño que acaba de mamar
   así está mi alma en mí.


Estrofa 3:

Espere Israel en el Señor,
   ahora y por siempre.



Segunda Lectura

Tesalonicenses 2, 7-9. 13

Hermanos: Cuando estuvimos entre ustedes, los tratamos con la misma ternura con la que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida, porque han llegado a sernos sumamente queridos.

Sin duda, hermanos, ustedes se acuerdan de nuestros esfuerzos y fatigas, pues, trabajando de día y de noche, a fin de no ser una carga para nadie, les hemos predicado el Evangelio de Dios.

Ahora damos gracias a Dios continuamente, porque al recibir ustedes la palabra que les hemos predicado, la aceptaron, no como palabra humana, sino como lo que realmente es: palabra de Dios, que sigue actuando en ustedes, los creyentes.



Aclamación antes del Evangelio

Mateo 23, 9-10

Un solo Padre tienen: el que está en el cielo;
   y para ustedes Cristo es el maestro único.



Evangelio

Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame ‘maestros’.

Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen ‘maestros’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen ‘padre’, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar ‘guías’, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.



Antífona de Ofertorio

Bendice alma mía al Señor,
y no quieras olvidar ninguno de sus favores:
y se renovará, como el águila, tu juventud.
(Salmo 102, 2. 5b)

Antífona de Comunión

Me has enseñado el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
(Salmo 15, 11)

O bien:

Antífona de Comunión 2

Como el Padre, que me ha enviado,
posee la vida y yo vivo por él, dice el Señor,
así también el que me come vivirá por mí.
(Juan 6, 58)





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