El Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario

02-02-2025


Salmos Responsoriales





Antífona de la Entrada

Sálvanos, Señor y Dios nuestro;
reúnenos de entre las naciones,
para que podamos agradecer tu poder santo
y nuestra gloria sea alabarte.
(Salmo 105, 47)



Primera Lectura

Jeremías 1, 4-5. 17-19

En tiempo de Josías,
el Señor me dirigió estas palabras:
“Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco;
desde antes de que nacieras,
te consagré como profeta para las naciones.

Cíñete y prepárate;
ponte en pie y diles lo que yo te mando.
No temas, no titubees delante de ellos,
para que yo no te quebrante.
Mira: hoy te hago ciudad fortificada,
columna de hierro y muralla de bronce,
frente a toda esta tierra,
así se trate de los reyes de Judá, como de sus jefes,
de sus sacerdotes o de la gente del campo.
Te harán la guerra, pero no podrán contigo,
porque yo estoy a tu lado para salvarte”.



Salmo Responsorial

Salmo 70, 1-17

Respuesta:

Mi boca anunciará tu salvación, Señor.

Estrofa 1:

A ti, Señor, me acojo:
   no quede yo derrotado para siempre;
   tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
   inclina a mí tu oído, y sálvame.


Estrofa 2:

Sé tú mi roca de refugio,
   el alcázar donde me salve,
   porque mi peña y mi alcázar eres tú,
   Dios mío, líbrame de la mano perversa.


Estrofa 3:

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
   y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
   en el seno, tú me sostenías.


Estrofa 4:

Mi boca contará tu auxilio,
   y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
   y hasta hoy relato tus maravillas.



Segunda Lectura

1 Corintios 12, 31 - 13, 13

Hermanos:
Aspiren a los dones de Dios más excelentes.
Voy a mostrarles el camino mejor de todos.
Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles,
si no tengo amor,
no soy más que una campana que resuena o unos platillos que aturden. Aunque yo tuviera el don de profecía y penetrara todos los misterios, aunque yo poseyera en grado sublime el don de ciencia
y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas,
si no tengo amor, nada soy.
Aunque yo repartiera en limosna todos mi bienes
y aunque me dejara quemar vivo,
si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo,
el amor es servicial y no tiene envidia;
el amor no es presumido ni se envanece;
no es grosero ni egoísta;
no se irrita ni guarda rencor;
no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad.
El amor disculpa sin límites, confía sin límites,
espera sin límites, soporta sin límites.
El amor dura por siempre;
en cambio, el don de profecía se acabará;
el don de lenguas desaparecerá y el don de ciencia dejará de existir, porque nuestros dones de ciencia y de profecía son imperfectos.
Pero cuando llegue la consumación, todo lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño,
sentía como niño y pensaba como niño;
pero cuando llegué a ser hombre, hice a un lado las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo y oscuramente,
pero después será cara a cara.
Ahora sólo conozco de una manera imperfecta,
pero entonces conoceré a Dios como él me conoce a mí.
Ahora tenemos estas tres virtudes:
la fe, la esperanza y el amor;
pero el amor es la mayor de las tres.



Segunda Lectura (Forma Más Corta)

1 Corintios 13, 4-13

Hermanos:
El amor es comprensivo,
el amor es servicial y no tiene envidia;
el amor no es presumido ni se envanece;
no es grosero ni egoísta;
no se irrita ni guarda rencor;
no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad.
El amor disculpa sin límites, confía sin límites,
espera sin límites, soporta sin límites.
El amor dura por siempre;
en cambio, el don de profecía se acabará;
el don de lenguas desaparecerá y el don de ciencia dejará de existir, porque nuestros dones de ciencia y de profecía son imperfectos.
Pero cuando llegue la consumación, todo lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño,
sentía como niño y pensaba como niño;
pero cuando llegué a ser hombre, hice a un lado las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo y oscuramente,
pero después será cara a cara.
Ahora sólo conozco de una manera imperfecta,
pero entonces conoceré a Dios como él me conoce a mí.
Ahora tenemos estas tres virtudes:
la fe, la esperanza y el amor;
pero el amor es la mayor de las tres.



Aclamación antes del Evangelio

Lucas 4, 18

El Señor me envió a traer la Buena Nueva a los pobres,
   a anunciar a los cautivos su libertad.



Evangelio

Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo,
después de que Jesús leyó en la sinagoga
un pasaje del libro de Isaías, dijo:
“Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura
que ustedes acaban de oír”.
Todos le daban su aprobación
y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios,
y se preguntaban: “¿No es éste el hijo de José?”
Jesús les dijo: “Seguramente me dirán aquel refrán:
`Médico, cúrate a ti mismo’ y haz aquí,
en tu propia tierra,
todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm”.
Y añadió:
“Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra.
Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías,
cuando faltó la lluvia durante tres años y medio,
y hubo un hambre terrible en todo el país;
sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías,
sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón.
Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo;
sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria”.
Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira,
y levantándose,
lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta un barranco del monte,
sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo.
Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de ahí.



Antífona de Ofertorio

Es bueno dar gracias al Señor,
y salmodiar a tu nombre, oh, Altísimo.
(Salmo 91, 2)

Antífona de Comunión

Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame por tu misericordia.
A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado.
(Salmo 30, 17.18)

O bien:

Antífona de Comunión 2

Dichoso los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los humildes,
porque heredarán la tierra.
(Mateo 5, 3-4)





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