
El Quinto Domingo de Cuaresma, Año B
17-03-2024
Salmos Responsoriales
Antífona de la Entrada
Señor, hazme justicia.
Defiende mi causa contra gente sin piedad,
sálvame del hombre injusto y malvado,
tú que eres mi Dios y mi defensa.
(Salmo 42, 1.2)
(Nueva traducción)
Señor, hazme justicia.
Defiende mi causa contra la gente sin piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado,
tú que eres mi Dios y mi defensa.
(Salmo 42, 1.2)
Primera Lectura
Jeremías 31, 31-34
Se acerca el tiempo, dice el Señor,
en que haré con la casa de Israel
y la casa de Judá una alianza nueva.
No será como la alianza que hice con los padres de ustedes,
cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.
Ellos rompieron mi alianza
y yo tuve que hacer un escarmiento con ellos.
Esta será la alianza nueva
que voy a hacer con la casa de Israel:
Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente
y voy a grabarla en sus corazones.
Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano,
diciéndole: Conoce al Señor,
porque todos me van a conocer,
desde el más pequeño hasta el mayor de todos,
cuando yo les perdone sus culpas
y olvide para siempre sus pecados.
Salmo Responsorial
Salmo 50, 3-4. 12-13. 14-15
Respuesta:
Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Estrofa 1:
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa.
Lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Estrofa 2:
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Estrofa 3:
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
Segunda Lectura
Hebreos 5, 7-9
Hermanos:
Durante su vida mortal,
Cristo ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas,
a aquel que podía librarlo de la muerte,
y fue escuchado por su piedad.
A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo,
y llegado a su perfección, s
e convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Aclamación antes del Evangelio
Juan 12, 26
El que quiere servirme, que me siga, dice el Señor;
y donde yo esté, allí estará el que me sirve.
Evangelio
Juan 12, 20-33
Entre los que habían llegado a Jerusalén para adorar a Dios en la fiesta de Pascua, había algunos griegos,
los cuales se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le pidieron:
Señor, quisiéramos ver a Jesús.
Felipe fue a decírselo a Andrés;
Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús y él les respondió:
Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado.
Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere,
queda infecundo;
pero si muere, producirá mucho fruto.
El que se ama a sí mismo, se pierde;
el que se aborrece a sí mismo en este mundo,
se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme, que me siga,
para que donde yo esté, también esté mi servidor.
El que me sirve será honrado por mi Padre.
Ahora que tengo miedo, ¿le voy a decir a mi Padre:
Padre, líbrame de esta hora?
No, pues precisamente para esta hora he venido.
Padre, dale gloria a tu nombre.
Se oyó entonces una voz que decía:
Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.
De entre los que estaban ahí presentes y oyeron aquella voz,
unos decían que había sido un trueno;
otros, que le había hablado un ángel.
Pero Jesús les dijo:
Esa voz no ha venido por mí, sino por ustedes.
Está llegando el juicio de este mundo;
ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo.
Cuando yo sea levantado de la tierra,
atraeré a todos hacia mí.
Dijo esto, indicando de qué manera habría de morir.
Antífona de Ofertorio
Te alabaré a ti, Señor, con todo mi corazón:
haz un bien a tu siervo:
viviré y guardaré tus palabras:
vivifícame según tu palabra, Señor.
(Salmo 118, 7. 17. 25b)
Antífona de Comunión
Cuando se lee el Evangelio de Lázaro (Año A):
Todo el que está vivo y cree en mí,
no morirá para siempre, dice el Señor.
(Juan 11,26)
Antífona de Comunión 2
Cuando se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera (Año C):
¿Nadie te ha condenado, mujer? Nadie, Señor.
Yo tampoco te condeno. Ya no vuelvas a pecar.
(Juan 8, 10.11)
Antífona de Comunión 3
Cuando se ha leído otro Evangelio (Año B):
Yo les aseguro que
si el grano de trigo sembrado en la tierra,
no muere, queda infecundo;
pero si muere, producirá mucho fruto.
(Juan 12, 24.25)
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