
Navidad - Misa del Día
25-12-2026
Antífona de la Entrada
Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
leva sobre sus hombros el imperio
y su nombre será Ángel del gran consejo.
(Isaías 9, 6)
Primera Lectura
Isaías 52, 7-10
¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes
al mensajero que anuncia la paz,
al mensajero que trae la buena nueva,
que pregona la salvación,
que dice a Sión: Tu Dios es rey!
Escucha: Tus centinelas alzan la voz
y todos a una gritan alborozados,
porque ven con sus propios ojos al Señor,
que retorna a Sión.
Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén,
porque el Señor rescata a su pueblo, consuela a Jerusalén.
Descubre el Señor su santo brazo
a la vista de todas las naciones.
Verá la tierra entera
la salvación que viene de nuestro Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6
Respuesta:
Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Estrofa 1:
Canten al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria;
su santo brazo.
Estrofa 2:
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.
Estrofa 3:
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamen al Señor, tierra entera,
griten, vitoreen, toquen.
Estrofa 4:
Toquen la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas
aclamen al rey y Señor.
Segunda Lectura
Hebreos 1, 1-6
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas.
Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo,
a quien constituyó heredero de todas las cosas
y por medio del cual hizo el universo.
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios,
la imagen fiel de su ser
y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa.
Él mismo, después de efectuar la purificación de los pecados,
se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en las alturas,
tanto más encumbrado sobre los ángeles,
cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le corresponde.
Porque ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios:
Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy?
¿O de qué ángel dijo Dios:
Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo?
Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios.
Aclamación antes del Evangelio
Misal Romano
Nos ha amanecido un día sagrado;
vengan, naciones, adoren al Señor,
porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra.
Evangelio
Juan 1, 1-18
En el principio ya existía aquel que es la Palabra,
y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.
Ya en el principio él estaba con Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él
y sin él nada empezó de cuanto existe.
El era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas
y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba;
el mundo había sido hecho por él
y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;
pero a todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre,
los cuales no nacieron de la sangre,
ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,
sino que nacieron de Dios.
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria,
gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
A éste me refería cuando dije:
El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,
porque ya existía antes que yo.
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.
Porque la ley fue dada por medio de Moisés,
mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás.
El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha revelado.
Evangelio (Forma más corta)
Juan 1, 1-5. 9-14
En el principio ya existía aquel que es la Palabra,
y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.
Ya en el principio él estaba con Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él
y sin él nada empezó de cuanto existe.
El era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas
y las tinieblas no la recibieron.
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba;
el mundo había sido hecho por él
y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;
pero a todos los que lo recibieron
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre,
los cuales no nacieron de la sangre,
ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,
sino que nacieron de Dios.
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre
y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria,
gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Antífona de Ofertorio
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
justicia y derecho sostienen tu trono.
(Salmo 88, 12.15a)
Antífona de Comunión
Los confines de la tierra
han contemplado la salvación
que nos viene de Dios.
(Salmo 97, 3)
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