
El Décimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario, Año B
07-07-2024
Antífona de la Entrada
Meditamos, Señor, los dones de tu amor,
en medio de tu templo.
Tu alabanza llega hasta los confines de la tierra
como tu fama.
Tu diestra está llena de justicia.
(Salmo 47, 10-11)
Primera Lectura
Ezequiel 2, 2-5
En aquellos días, el espíritu entró en mí,
hizo que me pusiera en pie
y oí una voz que me decía:
Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas,
a un pueblo rebelde, que se ha sublevado contra mí.
Ellos y sus padres me han traicionado hasta el día de hoy.
También sus hijos son testarudos y obstinados.
A ellos te envío para que les comuniques mis palabras.
Y ellos, te escuchen o no, porque son una raza rebelde,
sabrán que hay un profeta en medio de ellos.
Salmo Responsorial
Salmo 122, 1-2a. 2bcd. 3-4
Respuesta:
Están nuestros ojos en el Señor Dios nuestro, esperando su misericordia.
Estrofa 1:
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores.
Estrofa 2:
Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor Dios nuestro,
esperando su misericordia.
Estrofa 3:
Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Segunda Lectura
2 Corintios 12, 7-10
Hermanos:
Para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido,
llevo una espina clavada en mi carne,
un enviado de Satanás, que me abofetea para humillarme.
Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto,
pero él me ha respondido:
Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad.
Así pues, de buena gana prefiero gloriarme de mis debilidades,
para que se manifieste en mí el poder de Cristo.
Por eso me alegro de las debilidades, los insultos, las necesidades,
las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo,
porque cuando soy más débil, soy más fuerte.
Aclamación antes del Evangelio
Lucas 4, 18
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me envió a traer la Buena Nueva a los pobres.
Evangelio
Marcos 6, 1-6
En aquel tiempo,
Jesús fue a su tierra en compañía de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga,
y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:
¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas?
¿De dónde le viene esa sabiduría y ese poder para hacer milagros?
¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María,
el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?
¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?
Y estaban desconcertados.
Pero Jesús les dijo:
Todos honran a un profeta, menos los de su tierra,
sus parientes y los de su casa.
Y no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos.
Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente.
Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
Antífona de Ofertorio
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos soberbios.
¿Quién es Dios fuera del Señor?
(Salmo 17, 28.32)
Antífona de Comunión
Prueben y vean qué bueno es el Señor;
dichoso quien se acoge a él.
(Salmo 33, 9)
Antífona de Comunión 2
Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados,
y yo los aliviaré, dice el Señor.
(Mateo 11, 28)
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