El Cuarto Domingo de Cuaresma, Año B

10-03-2024




Antífona de la Entrada

Alégrate, Jerusalén, y todos los que la amáis, reuníos.
Regocijaos con ella todos los que participábais de su duelo
y quedaréis saciados con la abundancia de sus consuelos.
(Isaías 66, 10-11)

(newer translation)
Alégrate, Jerusalén,
y que se reúnan cantos la aman.
Compartan su alegría los que estaban tristes,
vegan a saciarse con su felicidad.
(Isaías 66, 10-11)



Primera Lectura

2 Crónicas 36, 14-16. 19-23

En aquellos días,
todos los sumos sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, practicando todas las abominables costumbres de los paganos,
y mancharon la casa del Señor, que él se había consagrado en Jerusalén.
El Señor, Dios de sus padres,
los exhortó continuamente por medio de sus mensajeros,
porque sentía compasión de su pueblo y quería preservar su santuario.
Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios,
despreciaron sus advertencias y se mofaron de sus profetas,
hasta que la ira del Señor contra su pueblo llegó a tal grado,
que ya no hubo remedio.

Envió entonces contra ellos al rey de los caldeos.
Incendiaron la casa de Dios y
derribaron las murallas de Jerusalén,
pegaron fuego a todos los palacios
y destruyeron todos sus objetos preciosos.
A los que escaparon de la espada, los llevaron cautivos a Babilonia,
donde fueron esclavos del rey y de sus hijos,
hasta que el reino pasó al dominio de los persas,
para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías:
Hasta que el país haya pagado sus sábados perdidos,
descansará de la desolación, hasta que se cumplan setenta años.

En el año primero de Ciro, rey de Persia,
en cumplimiento de las palabras que habló el Señor por boca de Jeremías,
el Señor inspiró a Ciro, rey de los persas,
el cual mandó proclamar de palabra
y por escrito en todo su reino, lo siguiente:
“Así habla Ciro, rey de Persia:
El Señor, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra
y me ha mandado que le edifique una casa en Jerusalén de Judá.
En consecuencia, todo aquel que pertenezca a este pueblo,
que parta hacia allá, y que su Dios lo acompañe”.



Salmo Responsorial

Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6

Respuesta:

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.

Estrofa 1:

Junto a los canales de Babilonia
   nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
   en los sauces de sus orillas
   colgábamos nuestras cítaras.


Estrofa 2:

Allí los que nos deportaron
   nos invitaban a cantar,
   nuestros opresores, a divertirlos:
   “Cántennos un cantar de Sión”.


Estrofa 3:

¡Cómo cantar un cántico del Señor
   en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
   que se me paralice la mano derecha.


Estrofa 4:

Que se me pegue la lengua al paladar
   si no me acuerdo de ti,
   si no pongo a Jerusalén
   en la cumbre de mis alegrías.



Segunda Lectura

Efesios 2, 4-10

Hermanos:
La misericordia y el amor de Dios son muy grandes;
porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados,
y él nos dio la vida con Cristo y en Cristo.
Por pura generosidad suya, hemos sido salvados.
Con Cristo y en Cristo nos ha resucitado
y con él nos ha reservado un sitio en el cielo.
Así, en todos los tiempos,
Dios muestra, por medio de Jesús,
la incomparable riqueza de su gracia y de su bondad para con nosotros.

En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe;
y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios.
Tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir,
porque somos hechura de Dios,
creados por medio de Cristo Jesús,
para hacer el bien que Dios ha dispuesto que hagamos.



Aclamación antes del Evangelio

Juan 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le dio su Hijo único;
   todo el que cree en él, tiene vida eterna.



Evangelio

Juan 3, 14-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo:
“Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto,
así tiene que ser levantado el Hijo del hombre,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca,
sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo,
sino para que el mundo se salvara por él.
El que cree en él no será condenado;
pero el que no cree ya está condenado,
por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta:
habiendo venido la luz al mundo,
los hombres prefirieron las tinieblas a la luz,
porque sus obras eran malas.
Todo aquel que hace el mal,
aborrece la luz y no se acerca a ella,
para que sus obras no se descubran.
En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad,
se acerca a la luz,
para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.



Antífona de Ofertorio

Ilumina mis ojos, para que no me duerma en la muerte:
para que no diga mi enemigo: «He podido vencerlo».
(Salmo 12, 4b – 5a)

Antífona de Comunión

Cuando de ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento (Año A):

El Señor me puso lodo sobre los ojos;
yo fui a lavarme. Ahora veo y creo en Dios.
(Juan 9, 11)

(newer translation)
El Señor me puso lodo sobre los ojos;
entonces fui, me lavé, comencé a ver y creí en Dios.
(Juan 9, 11)

O bien:

Antífona de Comunión 2

Cuando se ha leído el Evangelio del hijo pródigo (Año C):

Deberías alegrarte, hijo mío,
porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido,
estaba perdido y lo hemos encontrado.
(Lucas 15, 32)

(newer translation)
Alégrate, hijo mío,
porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y lo hemos encontrado.
(Lucas 15, 32)

O bien:

Antífona de Comunión 3

Cuando se ha leído otro Evangelio (Año B):

Jerusalén ha sido edificada como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor.
(Salmo 121, 3.4)





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