
El Décimo Domingo del Tiempo Ordinario, Año B
09-06-2024
Salmos Responsoriales
Antífona de la Entrada
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen.
(Salmo 26, 1-2)
Primera Lectura
Génesis 3, 9-15
Después que Adán comió del árbol,
el Señor Dios lo llamó: ¿Dónde estás?
Este contestó: Oí tu voz en el jardín y tuve miedo,
porque estoy desnudo, por eso me escondí.
El Señor replicó: ¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo?
¿Has comido acaso del árbol que te prohibí?
El hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me
dio del árbol y comí.
El Señor dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho?,
y la mujer respondió: La serpiente me ha engañado y comí.
Entonces el Señor Dios dijo a la serpiente:
Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias
y entre todos los animales del campo.
Andarás arrastrándote, y comerás tierra todos los días de tu vida.
Haré que haya enemistad entre ti y la mujer,
entre tu descendencia y la suya,
ésta te pisará la cabeza mientras
tú te abalanzarás sobre su talón.
Salmo Responsorial
Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6.7-8
Respuesta:
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Estrofa 1:
Desde lo hondo a ti grito, Señor:
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Estrofa 2:
Si llevas cuentas de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Estrofa 3:
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora.
Estrofa 4:
Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.
Segunda Lectura
2 Corintios 4, 13 - 5, 1
Hermanos:
Tenemos el mismo don espiritual de fe
por el que uno escribió: Creí y por eso hablé.
También nosotros creemos, y por eso hablamos.
Sabemos que Aquel que resucitó a Jesús,
nos resucitará también con Jesús,
y nos pondrá cerca de él junto a ustedes.
Sí, todo esto es por ustedes,
para que la gracia de Dios se multiplique en ustedes
y sean más numerosos los que den gracias para gloria de Dios.
Por eso no nos desanimamos.
Al contrario, mientras nuestro exterior se va destruyendo,
nuestro hombre interior se va renovando día a día.
La prueba ligera y que pronto pasa
nos prepara para la eternidad una riqueza de gloria tan grande que no se puede comparar.
Nosotros, pues, no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo invisible,
ya que las cosas visibles duran un momento y las invisibles son para siempre. Sabemos que al destruirse la casa terrenal o,
mejor dicho, nuestra tienda de campaña,
Dios nos tiene reservado un edificio no levantado por mano de hombre,
una casa para siempre en los cielos.
Aclamación antes del Evangelio
Juan 12, 31-32
Ahora el amo de este mundo va a ser expulsado, dice el Señor;
y cuando yo haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí.
Evangelio
Marcos 3, 20-35
En aquel tiempo, vuelto a la casa Jesús,
se juntó otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer.
Al enterarse sus parientes de todo lo anterior,
fueron a hacerse cargo de él, porque decían:
Se ha vuelto loco.
Mientras tanto los maestros de la Ley que habían venido de Jerusalén decían: Está en poder de Belzebú, jefe de los demonios,
por eso puede echar a los demonios.
Jesús les pidió que se acercaran y empezó a explicarles por medio de ejemplos:
¿Cómo puede Satanás echar a Satanás?
Si una nación está dividida en bandos,
no puede durar.
Tampoco una familia dividida puede mantenerse.
Lo mismo Satanás: si obra contra sí mismo, como ustedes dicen,
y está dividido, no se puede mantener y pronto llegará su fin.
La verdad es que nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte
y quitarle sus cosas si no lo amarra primero.
Sólo así podrá quitarle sus cosas.
En verdad les digo:
se perdonará a los hombres todos sus pecados
y todas las palabras con las que han ofendido a Dios.
Pero el que calumnia al Espíritu Santo
no tendrá jamás perdón,
sino que arrastrará siempre su pecado.
Y justamente ése era su pecado al decir que tenía un espíritu malo.
Entonces llegaron su madre y sus hermanos;
se quedaron afuera y lo mandaron a llamar.
Había mucha gente sentada en torno a Jesús cuando le dieron este recado: Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas
están afuera y preguntan por ti.
El les contestó: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
Y mirando a los que estaban sentados en torno a él, dijo:
Aquí están mi madre y mis hermanos.
Porque todo el que hace la voluntad de Dios,
ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Antífona de Ofertorio
Da luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo:
«Le he podido»
(Salmo 12, 4.5)
Antífona de Comunión
Señor, tú eres mi fortaleza,
mi refugio, mi liberación y mi ayuda.
Tú eres mi Dios.
(Salmos 17, 3)
Antífona de Comunión 2
Dios es amor, y el que permanece en el amor
permanece en Dios y Dios en él.
(1 Juan 4, 16)
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